Caprichosas sabanas que viven desordenadas constantemente, se escucha lluvia en primavera y yo no paro de buscarte por todos los rincones. Cuantas guerras habremos perdido bajo ellas y aún muero por besarte en cada trinchera. Mientras yo meto las orejas en el centro de tu ombligo, tú y yo volaremos sin movernos. Ven a ordenarlas o mi ejército será dará por vencido.